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El impacto social empresarial en Latinoamérica

24 de septiembre 2021

Conoce cómo las empresas con fines de lucro aportan a la mejora del bienestar social en Latinoamérica y qué medidas debes tomar en cuenta como líder organizacional para contribuir.

Alejandro Fontana

Autor:
Alejandro Fontana
Director general del PAD-Escuela de Dirección de la Universidad de Piura

Este artículo es un extracto del libro El propósito de la empresa, que estamos publicando. El objetivo del libro es mostrar, sin entrar en aspectos macroeconómicos y políticos, cómo las empresas con fin de lucro aportan a la mejora del bienestar social en la Latinoamérica y cómo podrían ofrecer contribuciones mucho mayores. Los aportes empresarios deberían ser mejor entendidos y valorados en la región por la sociedad y sus dirigentes.

Ante tamaño desafío el libro solo pretende facilitar la reflexión crítica de ciertos paradigmas existentes sobre las empresas, mostrando compañías que han realizado aportes sociales significativos en la región y proponiendo ideas para gestionar empresas con lucro exitosas y con un sentido de propósito social.

Podremos luchar mejor contra el flagelo del hambre y del desempleo en la región promoviendo iniciativas privadas y líderes benevolentes, “que tengan buena voluntad o simpatía hacia las personas y sus cosas”1 (materiales, personales, afectivas...), trabajando en empresas virtuosas que aporten al bien común de la sociedad. Para explicarlo los autores nos hemos fijado cuatro objetivos:

 

Programa de Responsabilidad Social y Gestión de Stakeholders - Solicita más información

 

I. Destacar la importancia de las empresas en el bienestar social

En nuestra región es ineludible resaltar los verdaderos aportes de la iniciativa privada a la sociedad y en particular los de las empresas con fin de lucro. En una Latinoamérica ideologizada, el ser empresario no tiene ni ha tenido buena fama. Desde épocas en que se ha combatido al capital hasta otras donde han primado las estatizaciones, no se ha conseguido valorar al auténtico empresario privado.

Una frase atribuida a Winston Churchill nos será de utilidad para presentar una visión amplia y positiva de este desafío: “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”.

Muchos estados y sociedades, particularmente en nuestros países de Latinoamérica, ven a las empresas como lobos o como vacas, y no como en algunos países avanzados, donde las empresas son los caballos que tiran del carro, junto con un Estado que las apoya, coordina y controla.

Frase muy adecuada para aplicar en estos años de pandemia, que han puesto en evidencia los distintos aportes que realizan las empresas, y que suelen pasar desapercibidos en el día a día. Empresas con fin de lucro han cubierto necesidades para la supervivencia como la alimentación, la salud, las telecomunicaciones, transporte, medios informativos… ¿Qué hubiera sido sin ellas?

En otros casos, han estado por obligación con las puertas cerradas o trabajando al mínimo, mostrando por el impacto de su ausencia y silencio, el valor que generan. El trabajo que contratan no es solo un bien económico, sino también psicológico y espiritual para todos. Una demostración más que las empresas tienen una misión humana que cumplir, relevante y única, para el bien común.

Lamentablemente, la visión de la empresa lobo o vaca ha sido, en muchas etapas de la historia en nuestros países, la imperante en los actores sociales. Y esta visión ha hecho que se expulsen las inversiones, y por tanto, se genere más pobreza. Pocos empresarios van a querer invertir en un país que busca las inversiones para cada tanto ordeñarlas o abatirlas, teniendo mejores alternativas donde invertir en un mundo global.

Para evaluar el impacto social de las empresas, nos preguntamos: ¿qué pasaría si no existieran las empresas? Para contestar la pregunta, nos detendremos en algunos grandes números que pueden darnos ciertas respuestas:

1. Las micro empresas y pymes representan más del 50% del Producto Bruto Interno (PBI)

En la mayoría de los países de la OCDE, y en algunos países desarrollados, llega incluso a índices del 70%. En cambio, en países con ingresos medio bajo y bajo, este porcentaje baja respectivamente a 29% y 23% del PIB2.

2. Las empresas, en su gran mayoría privadas y con fin de lucro, generan el 67% del empleo global.

Esto corresponde a unas 300 millones de personas con similar porcentaje en Latam3.

3. El número de personas en extrema pobreza ha disminuido notablemente en los últimos dos siglos

En particular a partir de 1950, según datos de Our World in Data4. De acuerdo a la OIT, los empleos de personas en pobreza extrema y moderada han bajado de 1249 en 2000 a 651 mil en 20195.

4. El desarrollo empresarial ha sido una de las causantes de la baja de los índices de extrema pobreza global

En especial con la apertura a la iniciativa privada de países donde estaba limitada, como: China, Rusia, India y los siete Tigres asiáticos6. Si bien son países altamente dependientes del Estado, la inversión extranjera privada (IED) en Asia según CEPAL7 fue entre 2003/18 de U$S 320 miles de mil, el 45% de la IED Mundial.

5. Grandes inventos se han masificado en su uso en el siglo XX gracias a la iniciativa

Según la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos8, los 10 inventos más importantes que se masificaron han sido: la electricidad, el automóvil, el avión, la radio y la televisión, la red de agua corriente, las computadoras, la electrónica, la mecanización de la agricultura, el teléfono, el aire acondicionado y la refrigeración.

6. Los cambios se han acelerado en estos primeros años del Siglo XXI por iniciativas

Hace 15 años no existía: YouTube, Netflix, Google Maps, Spotify, Android, Uber, Lyft, Alexa, Airbnb, App Store, Google Chrome, WhatsApp, Waze, Slack, Dropbox, Bitcoin, Kindle, y ha habido grandes inventos tecnológicos con mucho impacto a futuro: Ipad, Iphone, impresoras 3D, coches eléctricos, sin conductor, esqueletos hidráulicos, Bio- baterías, GPS de avanzada, pantallas táctiles, satélites accesibles y muchos más.

aplicacion de realidad aumentada en un celular con vistas de tiendas

 

El empleo actual, el PBI de los países y la calidad de vida de gran parte de la población no sería la misma si no existieran las empresas. Desde la perspectiva de la sociedad, lo más importante de las empresas no ha sido el lucro, sino todos estos aportes que cubren las necesidades humanas. Algo que parece obvio, pero que no es fácil de comprender cuando se define a las empresas solo como un sujeto de afán de lucro y se evalúa en forma limitada el impacto global que tienen en la sociedad.

El Estado ha jugado también un papel central en la producción de avances revolucionarios, y no debe subestimarse su contribución a las empresas, en especial las que basan su negocio en la tecnología.

Mariana Mazzucato9 describe una serie de casos en sectores de biotecnología, farmacéutica y tecnología limpia, donde muestra que el Estado hizo inversiones de alto riesgo antes de que el sector privado se involucrara. En su publicación, ella examina el iPhone y describe doce tecnologías financiadas por el Estado que lo hicieron ‘inteligente': internet, GPS, su pantalla táctil y el Siri activado por voz. No obstante, la masificación, innovación práctica y puesta a disposición del producto ha sido llevado a cabo y promovido por empresas privadas.

Por otra parte, muchos Estados, particularmente en Latinoamérica, han mostrado reales limitaciones para reemplazar al sector privado en la administración de las empresas públicas en forma holística. No debería, por tanto, plantearse una competencia entre el Estado presente y la iniciativa privada activa: ambos se necesitan y complementan su actividad a favor del desarrollo social.

También es fundamental el papel que puedan jugar las Empresas sociales para la reducción de la pobreza y generación de empleo. Muy necesarias para generar trabajos inclusivos que requieran un cambio cultural de personas que han quedado fuera del mercado laboral.

La promoción de la iniciativa privada en estas empresas es muy necesaria, ya que para solucionar nuestra problemática no se puede depender solo de las empresas privadas con fin de lucro. Este tema amerita otro artículo y, como en el caso del Estado, el trabajo debe ser complementario con el de las empresas con fin de lucro. Tampoco alcanza solo con tener una macroeconomía ordenada.

 

II. Enfrentar las contradicciones que plantean los éxitos empresariales

El éxito producido por muchas empresas encuentra resistencias. Muchos no miran con buenos ojos que las empresas tengan un objetivo de lucro; cae mal. Cuando esto debería ser considerado un premio al mérito, como lo es también para los buenos deportistas, los artistas, los médicos, y otras tantas profesiones.

Pepe Mujica, presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, y quien ha sido el líder del Movimiento de Participación Popular, sector mayoritario del partido de izquierda Frente Amplio, definió al capitalismo10 con frases de mucho sentido común y actualidad, para ser aplicadas en la región:

El verdadero enemigo es otro. Somos hijos del capitalismo. El capitalismo desató en el mundo una cosa maravillosa. Domesticó a la ciencia y la metió en el incremento de la tecnología y multiplicó el trabajo, la productividad del trabajo por todas partes y cambió el mundo. Pero, ¿cuál es el motor de eso? La ganancia. Lo que empuja es la ganancia. Lo que ha sido el motor del progreso es también el motor de nuestro egoísmo.

No hemos encontrado otro motor que empuje la economía y a veces somos tan “huevo” que no nos damos cuenta que tenemos que lidiar con esta contradicción entre una punta y la otra, y estamos en un fuego cruzado. ¿Por qué? Porque si mato la necesidad de ganar en la inversión empresarial no estoy castigando a la empresa, estoy matando el motor que permite multiplicar los panes de la sociedad…

Le falta a la izquierda y al mundo comprender esto, porque todos somos capitalistas, los más supuestos revolucionarios no renuncian a las mieles que desató el capitalismo y a todas las comodidades que generó el capitalismo. Vaya contradicción la nuestra.

Comenzó Mujica agradeciendo los principales aportes empresariales caracterizándolos como algo maravilloso que el capitalismo desató como el ejemplo de la masificación tecnológica. Estos éxitos empresariales vienen generando dilemas sociales.

Según Kenneth Roggof, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional y profesor de Economía de Harvard11, “la única alternativa al capitalismo anglo-estadounidense sería otra forma de capitalismo”. Para encontrar soluciones, hay que identificar primero los problemas generados que amenazan al capitalismo moderno, e intentar corregir el mal funcionamiento de un sistema que tiene trabas y no funciona adecuadamente.

A su entender, estas trabas serían:

  1. No apreciar adecuadamente los bienes públicos. Al no haber logrado poner un precio eficaz a bienes como el aire limpio o el agua, incluso en economías líderes.
  2. La desigualdad social. Junto con una gran riqueza, el capitalismo ha creado extraordinarios niveles de desigualdad. La creciente brecha es, en parte, una consecuencia de la globalización, la innovación y el espíritu empresarial.
  3. El suministro de atención médica cuyo coste ha aumentado a medida que las sociedades se han hecho más ricas, y posiblemente, superará el 30% del PIB en las próximas décadas.
  4. Subestimar el futuro de las próximas generaciones, no dando garantías que demuestren que las mejoras sean sostenibles.
  5. Las crisis y concentraciones financieras, dado que la innovación tecnológica no se ha utilizado para reducir riesgos en el mundo de las finanzas sino se podría decir que los han magnificado.

Por otro lado, estos desafíos macro se dan en un contexto caracterizado por procesos trasformadores que generan amenazas y oportunidades para las empresas, como lo señala el documento La vocación del líder empresarial12, que son las siguientes:

  • Globalización, con mayor concentración de riquezas en pocas empresas (y también personas en el mundo de los deportes y el entretenimiento), pero también más competencia, integración global, eficiencia y nuevas oportunidades de negocios.
  • Transformación digital y de las tecnologías de comunicación, con un cambio en las características de los trabajos. Que hay consenso que generara un cambio en el empleo global con relaciones laborales más precarias, trabajos virtuales y en redes.
  • Financiarización, que mercantilizó en extremo las relaciones de las empresas con accionistas cada vez más exigentes por retornos; directivos pendientes de sus bonos y trabajadores más volátiles cuando el mercado lo permite. La codicia como una cultura y los valores vigentes causas entre otras de la crisis global de 2008.
  • Cambios culturales con un creciente individualismo, crisis familiares y preocupación utilitaria sobre uno mismo y sobre “aquello que es bueno para mí”.
  • Concientización medio ambiental, a la que cuesta sumar a grandes capitales.
  • Precarización laboral, que se ha agravado por la pandemia y generara disminución económica o menor crecimiento que perjudicaría a los países de menores ingresos para reducir la pobreza y mejorar las condiciones de trabajo.

El capitalismo actual, junto con el mercado, tienen sus detractores y sus problemas; y en casi todos los entornos son cuestionados. Hay países con modelos más capitalistas y otros más social demócratas, pero en ambos ámbitos los números muestran que la participación de las empresas ha sido de vital importancia para su desarrollo social.

Estos sistema y la actividad empresarial no son perfectos ni nada que se le parezca, pero como en el caso de la democracia, es a la fecha el mejor sistema que la humanidad ha encontrado para alcanzar un bienestar y para compartirlo. Aún con estas contradicciones y sin entrar en análisis de políticas macroeconómicas, la promoción de la iniciativa privada y la libertad individual han generado en el último siglo una gran revolución en la calidad de vida de la mayor parte del mundo.

III. Promover los aportes sociales empresariales

Para ayudar a enfrentar, aún en forma limitada, estas contradicciones presentamos algunas concepciones básicas sobre las que se puede construir el perfil de un llamado empresario y empresas virtuosas13, focalizadas en solucionar los problemas humanos. Conceptos que encuentran sus fundamentos en la frase de Enrique Shaw14: “Un desarrollo que fuera solamente económico,.., deberá afrontar las consecuencias de su desequilibrio respecto del hombre, y lleva fatalmente al desorden y a la tiranía”.

Estas creencias surgen de dos visiones holísticas tanto de la naturaleza humana como de la responsabilidad social empresarial:

a. Las organizaciones son antropológicas

Es decir, entender a la organización empresarial como una institución de personas, o una comunidad que comparte objetivos15. Este modelo integra y supera el modelo técnico – que ve a la empresa como una máquina para obtener beneficios teniendo como premisa el homo œconomicus- y al modelo orgánico, que la ve como un organismo para el desarrollo psico-social de las personas.

El modelo antropológico tiene una visión integral y natural de la persona al agregarle las motivaciones trascendentes (o pro sociales). Como afirma Leonardo Polo16, el hombre es un ser dador por naturaleza y “si la acción humana se impone sobre el objeto técnico, puede alcanzar su finalidad; pero si el objeto técnico, por su magnitud, se impone sobre la acción humana, el hombre no puede asumir su finalidad y queda subordinado a la manera de ser de la técnica”.

El deseo de tener hace referencia al «ganar», mientras que la capacidad de compartir hace referencia al «servir». Este modelo enfatiza que las empresas se dirigen a satisfacer necesidades de otras personas y que las personas relacionadas con la empresa deben cubrir suficientemente con su trabajo sus necesidades materiales, psicosociales y afectivas, para gozar de un bienestar adecuado a sus requerimientos.

Si bien la motivación extrínseca de tener bienes materiales es clave para el lucro, la motivación trascendente es más importante y enriquecedora para las personas, y un gran aporte para las empresas, la sociedad y el desarrollo pleno del trabajador.

trabajadores de una organizacion dandose la mano

b. Las empresas deben promover el bienestar social

Muchas empresas en la práctica acotan el alcance de la Responsabilidad social Empresarial (RSE) a acciones de gratuidad, solidaridad o cuidados de efectos secundarios no deseados. Y esto, no refleja las mayores contribuciones empresariales; que son las que muestran los números globales de desarrollo, empleo y otras variables, que en conjunto muestran los impactos relevantes de las empresas para la sociedad.

Estos logros, erróneamente, y quizás porque son causales del lucro, no son considerados en la práctica como sociales. En una visión amplia, la RSE debería focalizarse en la generación de bienestar social para el alcance territorial y de productos que la empresa se haya fijado17:

Los líderes empresariales están llamados a participar en el mundo económico y financiero contemporáneo, a la luz de los principios de la dignidad humana y del bien común… Entre estos principios podemos destacar el principio de satisfacer las necesidades del mundo con bienes que sean realmente buenos y que realmente sirvan.

En el libro tomamos ejemplos de empresas latinoamericanas, para presentar ocho aportes empresarios relevantes desde la perspectiva de la sociedad por considerarlos como contribuciones al bienestar general y dentro del alcance de la RSE:

  1. Cubrir necesidades con productos y servicios. El impacto positivo de la producción de bienes es un principio básico fundamental para la existencia de las empresas. Es aquello que engloba los esfuerzos de las partes interesadas que trabajan para satisfacer necesidades materiales y que también facilitan el desarrollo interno y afectivo de personas.
  2. Crear valor económico compartido. La empresa debe crear valor económico, como base de la riqueza y la no pobreza. Con una visión social, estratégica y de largo plazo, el valor generado por una empresa debe ser compartido para mejorar la calidad de vida de las partes relacionadas. Las empresas sin fin de lucro que aportan otros valores también requieren autofinanciarse.
  3. Dar y generar empleo. Hay que valorar a las empresas que ofrecen un empleo decente: un bien escaso en la situación actual. Especialmente en la pos pandemia y para Latam. Dadas las condiciones del entorno, dar trabajo formal, digno y decente, es hoy una gran necesidad social. La pérdida o creación de puestos de trabajo, debería ser una preocupación de los reales empresarios.
  4. Desarrollar a las personas, las personas se forman más en las empresas que en las universidades reflejando la importancia de este aporte. Según Jack Welch: “las empresas fuertes reinvierten en las personas…, ofrecen puestos de calidad y seguros, otorgan a sus empleados tiempo, recursos y beneficios espirituales; lo cual repercute de manera importante en sus comunidades”. Es fundamental que las nuevas tendencias laborales promuevan el desarrollo de las personas.
  5. Aportar valores empresariales. una organización empresarial aporta, trasmite y contagian en la sociedad sus valores sociales intangibles genéricos tanto internos (Ej: responsabilidad, seguridad, solidaridad..) como externos (Ej.: productos de calidad, saludables y asequibles).
  6. Cuidar la sostenibilidad territorial, asumir responsabilidades sociales y ambientales son de los mayores aportes que las empresas pueden hacer a la sociedad, los cuales tienen particular relevancia en los entornos necesitados.
  7. Defender comportamientos éticos. Hay valores obligatorios para la naturaleza humana como la ética, la responsabilidad, la honestidad….que deberían darse por dados, pero al no estarlos debemos impulsarlos como aportes empresarios. Con mirada de largo plazo, los ambientes éticos son totalmente favorables a la actividad empresarial y al desarrollo de los países. Los países de avanzada están regulando con serios castigos a las empresas que los incumplan.
  8. Invertir a riesgo. Quien realice inversiones está corriendo riesgos y haciendo una contribución importante a la sociedad. Desde el punto de vista empresarial, la inversión tiene un efecto multiplicador importante, sin inversión no hay negocio, independiente de dónde provenga la misma. Las inversiones en países que no son muy atractivos para invertir cobran mayor relevancia por su escasez.

Muchas empresas han sido llevadas adelante por verdaderos empresarios, que se han movilizado por estas causas y cuyo objetivo ha ido más allá del lucro. Esta visión ha convivido con empresas con modelos organizacionales mecanicistas, que ven a la empresa como una inversión puramente económica, como lo hace un inversionista o un accionista sin rostro.

El modelo mecanicista ha producido, como efecto secundario a la búsqueda de lucro, aportes importantes al bienestar, lo cual tiene su mérito social. En un símil con un médico, su aporte puede valorarse por los resultados presentados más allá de sus motivaciones.

Nuestra propuesta es reconocer los aportes positivos que han generado las empresas, partiendo de ver el vaso medio lleno… Pero estos podrían ser mucho mejores y mayores si estuvieran basadas en las creencias presentadas y si socialmente se las defendiera.

Hay consenso de que el mundo actual está demandando un cambio de paradigma. Para concretar y mejorar el aporte a la sociedad las empresas se están adaptando a la complejidad de los nuevos entornos, enfrentándolos y tomando conciencia que son parte de una sociedad y que deben cooperar en el bien común.

empresario revisando iniciativas de responsabilidad social

IV. El perfil del empresario deseado

El capitalismo se basa en empresas, y no en mercados. El empresario es la fuerza creadora de la economía, de modo que los emprendedores participan de una obra creadora son cocreadores y sin ellos las economías están muertas.

No obstante, el problema del fuego cruzado o contradicción que genera el capitalismo planteada por Mujica entre producir bienes y que se basen en el egoísmo es un problema válido y compartido. El objetivo del fin de lucro ha traído beneficios pero, como valor único, ha generado desvalores sociales a combatir como: el egoísmo, la avaricia, el puro materialismo, el cortoplacismo, la corrupción, los daños al medio ambiente, la falta de preocupación social...

Frente a esto, existen muchos casos empresariales con propuestas superadoras a las de tener solo intereses personales. En ellas, el lucro es un objetivo básico que tiene que estar y ha demostrado ser un buen motor, pero no es el único objetivo que se contempla.

Hay empresas con fin de lucro que han nacido o comprendido que uno de sus fines es aumentar el impacto social de negocio y que deben neutralizar la avaricia de los accionistas, balanceándola con importantes contribuciones a la sociedad. Mostrando un rostro más humano, centrado en las personas y compatible con la obtención de beneficios.

Estas empresas, a las que se puede llamar virtuosas, se apoyan en valores que deberían estar en todo ADN y comportamiento empresarial: benevolencia, ética, emprender, innovar, crear, generar conocimiento, valentía, magnanimidad, empatía, servicio, integridad, solidaridad…, retomando viejas prácticas y cambiando paradigmas y valores, para que las empresas sirvan al ser humano en forma más completa.

El impacto social de estos cambios de paradigmas es naciente y aun limitado, llevando tiempo y compromiso. Empresas que quieran sumarse al mismo podrían comenzar por:

  • Reconsiderar el objetivo de maximizar el beneficio del accionista a corto plazo, y la práctica de relacionarlo con bonos desproporcionados a ejecutivos, como causales del egoísmo devenido en codicia que nos mostró la crisis financiera del 2008.
  • Diferenciar la figura del empresario de la del inversionista especulador. La vocación y valores empresariales no son los mismos del solo inversor en acciones o títulos.
  • Reforzar un modelo organizacional antropológico para dirigir, que refleje mejor una naturaleza humana, con necesidades que van más allá de lo económico.
  • Darle a la empresa un sentido de Propósito. Término que está emergiendo en las empresas para definir el aporte más representativo al bien común de la sociedad Siendo como el buque insignia de la RSE.
  • Definir objetivos de triple impacto: económico, sociales y ambientales, dándole prioridades similares a cada uno y estrategias para que haya sinergias entre ellos.
  • Gestionar teniendo en cuenta el interés de los stakeholders o las partes relacionadas, de forma de ampliar el impacto social de sus acciones.

 

empresarios debatiendo sobre las iniciativas de responsabilidad social empresarial

 

Muchas empresas con esta visión han incrementado sus beneficios, demostrando que no hay contradicciones. Hay ejemplos de empresas con rasgos virtuosos cuyos valores fueron las claves para su éxito, sabiendo, sin embargo, que, como las personas, tienen virtudes y defectos.

Las empresas no son perfectas, ni amigas de todo el mundo, viven bajo muchas tensiones y pueden evolucionar para bien o para mal. Este planteo es una óptica empresarial optativa, y quizás no sea recomendable para quien piense que la visión presentada o estos cambios sugeridos sobre el rol empresarial son inadecuados.

Conclusiones

El gran problema, como bien señalan Churchill y Mujica, es que el rol de la empresa no ha sido comprendido aún por la mayoría de los actores políticos y líderes de opinión de Latinoamérica. Y ni hablemos de los partidos de izquierda... Su modo de percibir a la empresa limita y hacen estériles los esfuerzos empresariales para lograr el bienestar. Y en consecuencia, no dan ocasión a que ganen en legitimidad o licencia social.

El problema es profundo, y no es solo de imagen. Si fuera así, podría solucionarse con inversión en comunicación. En Latinoamérica, hay una cultura estatista que va más allá del deseable y necesario estado presente, que debería ser revertida en el siglo XXI. Para muchos, aún no ha caído el muro de Berlín, y no han visualizado aún los grandes aportes de las empresas en este siglo.

Los gobiernos y la administración pública en la región, salvo excepciones, no han sabido ser eficientes ni capaces de articular los controles justos y necesarios con unas reglas atractivas para la inversión. Han faltado políticas de estado favorables para el desarrollo de buenos empresarios, que permitan, en conjunto, agregar suficiente valor social. Algunos estados han caído en una corrupción estructural, lo que dificulta que se conviertan en protagonistas activos del bien común.

Esto ha generado que existan compañías privadas con virtudes; otras abusivas o con defectos; y en el extremo, casos no deseables, que no deben llamarse empresas, ni tampoco empresarios sus accionistas. No cualquiera por poner un negocio es un empresario. El verdadero sector empresarial ha fallado al no haber asumido su rol de empresas virtuosas y en no haber trabajado lo suficiente para mejorar la narrativa de sus aportes.

Un aporte diferencial del libro es dar un marco de trabajo para que los distintos aportes sociales empresarios se integren con el propósito de la empresa. Guiar la estrategia con un propósito permitirá velar y aumentar el impacto de todas las acciones empresarias en el bienestar social, centrándose, en particular, en el efecto que las mismas producen en los stakeholders: personal, proveedores, clientes, sociedad…

Un sentido de propósito pueden tenerlo: un conjunto de empresas en un ámbito determinado, una empresa individual, las personas que trabajan en las empresas… Implica otorgar un objetivo más social a quienes tenemos vocación empresarial y la ejercemos.

El libro es de difusión de ideas existentes y no de investigación. Pretende bajar a la práctica y presentar, en forma lo más sencilla posible, ideas que surgen de investigaciones y estudios más profundos, ya publicados o escritos, y que se citan a lo largo del texto.

Es necesario que los dirigentes políticos, sindicales, eclesiales, académicos y los mismos empresarios tomen conciencia del rol fundamental de las empresas virtuosas en la sociedad.

Las empresas deben ser como “el caballo que tira del carro”, que logren sacar a la sociedad del pantano en que se encuentran nuestros países desde hace muchos años, como se ha hecho en países de distintos continentes. Esto implicará un cambio cultural en la clase dirigente, y como todo cambio, requerirá que se lleven a cabo iniciativas para lograrlo.

Si promover la vocación empresarial, como un factor clave en la lucha contra la pobreza, el desempleo y el bienestar social, no es comprendido, ni está claro en la sociedad latinoamericana, les corresponde a las cámaras empresariales y a las universidades hacer una tarea de enseñanza y de clarificación de ideas a este respecto. Debiendo defender y promover las empresas virtuosas, para generar bienestar social, con el apoyo de un Estado que comparta esta visión.

Muchas empresas estén ya actuando individualmente en esta dirección, pero no tienen el suficiente impacto global que ayude a que la sociedad comprenda estos aportes. En este sentido, echamos de menos la existencia de voces que defiendan la actividad privada como base de la creación de riqueza. No podemos subsumir ni restarle importancia a la participación privada en la construcción de lo colectivo.

 

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